El piano de Joaquín Rodrigo y París

“...Es la de Joaquín Rodrigo la figura más representativa y característica de la vida musical española en le campo de la creación de los años inmediatos a la posguerra. No es que el artista después se caracterizara por una actitud de pasividad. Sin embargo, es en la de aquel período en la que hablamos, de una parte, la representación más acabada y personal; de otra, la más intensa y, por fin, hasta el título que logra una popularidad más inmediata, `El Concierto de Aranjuez.” 1

Joaquín Rodrigo (1901-1999) como otros músicos españoles marcharon a París para conocer de cerca todas las tendencias que a principios del S. XX revolucionaron el panorama artístico- musical y el gran pianismo moderno.

En este artículo veremos como fue un compositor muy valorado en la capital francesa sobre todo en los difíciles años en los que un músico inicia su andadura, cómo es su música para piano, y qué obras compuso antes de su estancia en París y durante ésta entre 1927 y 1933.

1.- París y Joaquín Rodrigo

A principios de los años 20, Joaquín Rodrigo (1901/ 1999) era ya un excelente pianista y un estudiante de composición familiarizado con las corrientes vanguardistas más importantes del mundo del arte. España estaba “a la page”: se estrenó el “Daphnis et Chloe”, “La Valse” (dos años después de su estreno en París), “Le Sacre du Printemps”, “Petrouchka”, y lo mejor de los contemporáneos, en perfectas transcripciones para piano.

En otoño de 1927, a pesar de la tenaz oposición de su padre, se traslada a París para completar sus estudios musicales, permaneciendo allí hasta 1933 . Su marcha de España se produce con clara voluntad de aprovechar el gran momento de los años veinte en la capital de Francia, desde la que se proyectaban los grandes movimientos de vanguardia a todos los rincones del mundo civilizado. La irresistible atracción de París ya venía de la generación del 98 en España y encontramos a músicos de la talla de Albéniz, Turina, Granados y Falla como sus predecesores.

El compositor en un principio quería estudiar con Ravel, pero no fue posible ya que éste no daba lecciones. Tras asistir en l`Opera Comique a una representación de “Arianne et Barbe Bleu” sale maravillado y decidido a trabajar con Paul Dukas que lo admitiría como alumno. Éste llegaría a estimarlo como discípulo predilecto, protegiéndole en la edición francesa de sus primeras composiciones y calificándolo como quizás el más dotado de los compositores españoles que él había visto llegar a París. Rodrigo pasaría cinco cursos como alumno de Paul Dukas en la Escuela Normal , siguiendo después junto a su mujer de oyentes hasta 1935, fecha de la muerte del maestro francés2.

El nombre de Rodrigo comienza ya a ”sonar” en París en 1928. Pronto conseguirá vender sus primeras composiciones a las “Ediciones Max Eschig” .Se dará a conocer como pianista y compositor en los ambientes musicales parisinos y entabla amistad con grandes personajes de su tiempo: Ravel, Milhaud, Honneger, Strawinsky, Falla, Roussel, Alfred Cortot, D‘Indy, Ibert, Poulaine, Enesco... Allí conoció al compositor mejicano Manuel Ponce, y el director de orquesta vasco Jesús Arábarri, quien más tarde sería un gran intérprete de sus obras, a Ricardo Viñes que le pondría en conocimiento de Debussy, a Mompou, Emilio Pujol, ...Un hecho de trascendental importancia en la vida de Rodrigo tuvo lugar en ésta época: su encuentro con Manuel de Falla, que supondría el inicio de una amistad duradera entre los dos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1928 Falla que iba a ingresar como miembro de honor en la Legión d`Honneur francesa exigió que en el concierto que siguió a la ceremonia no sólo se escuchara música suya sino también obras de jóvenes colegas españoles: el pianista Ricardo Viñes tocaría obras de Turina, Joaquí Nin colaboraría con su música y Rodrigo interpretaría al piano la “Zarabanda lejana” y el “Preludio al gallo mañanero”.

El propio compositor dejará testimonios en entrevistas muy posteriores de la importancia de París en su vida profesional y personal, como veremos a continuación:

“..llegué a París (otoño de 1927) bastante formado, había compuesto numerosas obras...Pero, sí, la estancia en París fue decisiva, porque me relacioné con el ambiente musical y el mundo de la música de la capital francesa. Además las enseñanzas y el ejemplo de Paul Dukas fueron algo determinante...Yo he hecho la música siempre la música que me ha gustado hacer, con más o menos influencias según épocas y los años. Pero siempre he procurado no seguir demasiadas modas”.

(“El ideal Gallego”. La Coruña, 11-VIII-1986.)

 “...Es indudable la presencia de la música francesa en mi técnica de compositor, como en la producción de casi todos los músicos españoles de aquellos años: Albéniz, Falla, Turina.. Mis condiscípulos más destacados (en París) eran Jesús Arámbarri, luego famoso director de orquesta, y el mexicano Manuel Ponce, autor de Estrellita amigo de Andrés Segovia y a quien se debe el “Concierto del Sur”...Sobre todo la influencia de Manuel de Falla, a quien frecuenté durante años y a quien debo favores y atenciones muy importantes en el comienzo de mi carrera.”

(“La opinión cultural“. Buenos Aires, 5-XII-1976)

2.- El piano de Joaquín Rodrigo

París está relacionado con el nacimiento del pianismo moderno, en el que se explotan al máximo todos los recursos tímbricos y sonoros de este instrumento. Después de los compositores franceses Debussy y Ravel, y de los españoles que viajaron a París, Albéniz, Granados, Turina y Falla, ¿ qué más se podría escribir?. Joaquín Rodrigo lo tenía difícil para componer obras pianísticas que marcaran un camino diferente. El querrá apartarse de este gran piano y hacerlo más pequeño al estilo de nuestro clave español, lejos de los andalucismos que tanto gustaban en esta época, utilizando las nuevas técnicas y tendencias y con una raíz popular. Quién mejor que el propio Rodrigo para explicarnos el por qué de su música para piano3:

“...El piano es realmente un instrumento del pasado siglo. Evidentemente en el s. XVIII se conoció el piano y se tocó el piano, sobre todo en los últimos 25 años del siglo XVIII, pero cuando toma realmente importancia el piano para expresar a su vez las necesidades emocionales de los músicos es en el siglo XIX, cuando los músicos encuentran en este mismo piano el instrumento ideal, el vehículo ideal para aquellas emociones. Pero España, por razones varias, vive ajena durante este siglo, a este instrumento; apenas si se puede encontrar música escrita para piano que valga la pena retenerla en los 80 primeros años del siglo XIX. Precisamente va a ser Isaac Albéniz, nacido en 1860, el que va a inagurar en el último cuarto de siglo XIX, casi en la última decena de este siglo, el que va a escribir para piano, primero muy tímidamente, y más tarde, en siglo XX, escribirá su gran obra, la de importancia capital en el piano internacional, la Suite Iberia. Va a arrancar , pues, el piano español de una rama postromántica: el nacionalismo, y va a derivar, por lo tanto, a un concepto poemático de la música, y por ende del piano, puesto que hablando del piano estamos.

...El piano que le sigue, el de Granados, de Turina, incluso el piano de Falla, va a tratar de escapar de este círculo, realmente sin conseguirlo, porque la Suite Iberia compone, desde luego hasta hoy, los lienzos más ricos que el piano español ha escrito. Se planteaba , pues, a los músicos de mi generación un problema difícil para escribir para piano. De un lado estaba esta tremenda Suite Iberia, y del otro lado el gran piano impresionista francés de Debussy y de Ravel, y por lo tanto era muy difícil abrirse camino en un piano que intentara ser un poco personal.

Yo he hecho lo que he podido para tratar de eludir aquel piano tremendo de Albéniz y presentar un piano, oponer por decirlo así, oponer a aquel piano enorme hecho por acumulación, un piano hecho por eliminación, es decir, mucho más pequeño, mucho más claro, e inspirado un poco en un autor preclaro del teclado, no del piano exactamente, pero sí del clavecín, no español, pero muy españolizado, ya que vivió tantísimos años en España, de Scarlatti. Inspirado, pues, un poco de este piano y en las condiciones del piano del siglo XX, he tratado de escribir mis piezas para piano. Por otra parte, el piano, como todo instrumento, como todo lo humano, tiene que morir, tiene que pasar, los instrumentos viven, se desarrollan, conocen una época de esplendor y después mueren, mueren cuando la expresión musical de los autores de una época determinada ya no les necesita....Es ya muy difícil arrancarle dimensiones nuevas, acentos nuevos a este piano que lleva casi 200 años de vigencia en las manos de los compositores y en la imaginación de ellos mismos, y el piano se está agotando, se está muriendo como instrumento activo, no como instrumento en sí, que, naturalmente , vivirá siempre.

De aquí las dificultades que antes apunté, aquellas dificultades del piano español y del piano francés impresionista del siglo XX a las que ahora se añaden las dificultades actuales de este instrumento que ya parece que se cansa, que nos ha dicho ya todos sus misterios y todos sus secretos. De allí la dificultad para escribir para él. Yo empecé precisamente escribiendo para piano hace ya bastante años, y a lo largo de mis años de compositor me he acercado siempre a este instrumento con gran cariño con una gran devoción, y he tratado de escribir sencillamente, auténticamente lo que he sentido y lo que él me ha permitido expresar...”

3.- Antes de París

Joaquín Rodrigo y su esposa Victoria Kamhi eran excelentes pianistas, por lo que no es extraño que el compositor escribiera a lo largo de su vida numerosas obras para este instrumento. Con anterioridad a su marcha a París Joaquín Rodrigo había compuesto ya4:

  1. Suite : Escrita en 1923, cuando contaba veinte años de edad. Esta obra llama la atención por su perfección de escritura y por entreveer ya una técnica pianística característica y que algunos han denominado “virtuosismo rodriguero”5. En esta obra se observa una influencia de la música francesa desde la elección de esta forma “Suite” con sus cinco danzas de aire arcaico y con nombre escritos en francés y utilizando un procedimiento cíclico que parte de un pequeño “leivmotiv” de cuatro notas. La escribió en Valencia siguiendo el tratado de Vicent d’Indy . Fue estrenada en París en 1928 por el pianista Ricardo Viñes. Esta obra unida a la “Zarabanda lejana” le sirvió a Rodrigo para ser admitido por Paul Dukas en su clase de composición.
  2. Berceuse d'automne: Escrita también en 1923 y le separa cinco años de la siguiente “Berceuse de Primavera” que escribiría en París. Fue también estrenada por el pianista Ricardo Viñes en la capital francesa en 1928. Tiene la forma ABA y Rodrigo utiliza unas armonías pedal que permanecen inalterables casi toda la obra rotas por una inestabilidad rítmica en el segundo período.
  3. Preludio al gallo mañanero: Escrita en 1926 dedicada al pianista Ricardo Viñes, aunque la estrenará el propio Rodrigo en París en 1928 en el concierto dedicado a FALLA que recibió la Legión de Honor francesa. De forma ternaria ABA requiere un gran despliegue técnico para ser interpretada6.



































  4. Zarabanda lejana: Escrita también en 1926 en una primera versión para guitarra y luego adaptada al piano. En 1927 fue transcrita para orquesta siendo estrenada en 1928 en París. Rodrigo utiliza así esta forma de danza popular española de ritmo ternario y de carácter solemne.
  5. Pastoral: Escrita en 1926 es una obra menor pero de gran belleza, a modo de danza cortesana y de carácter clavecinista en la utilización de adornos en simifusas, tiene también la forma ABA.
  6. Bagatella: También del año 1926, consiste en unas variaciones de un corto tema de cuatro compases de similar rítmica e interválica melódica. Es una obra de poca trascendencia comparada con las anteriores.

4.- Obra pianística parisina

En su época de París, es decir, entre los años 1927 y 1933 Joaquín Rodrigo escribiría cuatro obras pianísticas una de ellas para dos pianos, cuya estructura y características musicales expondremos a continuación7:

  • Berceuse de printemps (de primavera): es la primera obra escrita por el autor en París. De corta duración, unos dos minutos, está dedicada a la pianista Nadia Boulanger. Fue estrenada en París por Ricardo Viñes en 1928. Su estructura es muy simple y consiste en una cantinela que se repite , de tan sólo una quinta de ámbito interválico y que es trasportada a distintas tonalidades. El uso del pedal es importante para crear el ambiente brumoso que desea el compositor. Compuso cuatro “Berceuses“. La de “Otoño” (1923) y “Primavera” (1928) escritas originariamente para piano fueron orquestadas y unidas en 1957 a otras dos en la suite titulada “Música para un jardín”.En sus dos primeras “Berceuses” evoca el paisaje en el que la canción de cuna podría encontrar realidad.

  • Cinco piezas para piano (versión para dos pianos): originalmente es un “Poema Sinfónico”, escrito en 1924 y del que Rodrigo hizo una transcripción en 1928 para dos pianos. Fue premiada con Mención Honorífica en los Concursos Nacionales del siguiente año y estrenada en Valencia en 1927 por la Orquesta Sinfónica bajo la dirección de Izquierdo. Paul Dukas elogiará de esta obra la claridad, desenvoltura, donaire, entremezclados de nostálgica melancolía. La recomendó al maestro Straram para estrenarla en París en 1929.

  • Air de ballet sur le nom d'une jeune fille: está dedicada a la entonces novia y futura esposa del autor, Vicky. Fue estrenada por el propio Joaquín Rodrigo en París en 1929.Tiene la forma de danza aristocrática, elegante y que no sigue la estructura ABA,. La obra se inicia con trece notas que corresponden según la nomenclatura sajona al nombre de Victoria Kamhi. Se asemeja mucho a “La Berceuse de primavera” utilizando el motivo de tres compases anteriormente descrito que modulará y al que realizará giros melódicos. Fue editada 1º con la “Zarabanda lejana” con el título de “Deux piéces pour piano”.

  • Serenata española: es de mayor despliegue técnico y de gran carácter andaluz y albeniziano. Es una obra escrita para José Iturbi, quien la estrenó en parís en 1931. Joaquín Rodrigo la compuso siguiendo el consumo de la música castiza española que tanto gustaba en el extranjero.

Mª Dolores Moreno Guil

1 Fdez Cid, A. (1973). “La música española en el s. XX”. Madrid, Fundación Juan March, p.88.
2 De los años de Rodrigo en París consultar:
- De la Peña, P. J. (2001). “El maestro Rodrigo (un siglo de cultura)” . Ayto. de Valencia, p.30- 33 .
- Khami de Rodrigo, V. (1995). “De la mano de Joaquín Rodrigo: Historia de nuestra vida”. Madrid, Ediciones Joaquín Rodrigo, p.57 -97.
- Vayá, V. (1977). “Joaquín Rodrigo, su vida y su obra”. Madrid, Real Musical, p. 33- 53 .
3 Conferencia publicada en la revista “Anales de la Academia Médica Quirúrgica Española” , Mayo de 1964 con el título “La Música para piano de Joaquín Rodrigo, comentada e interpretada por el autor”.
4 Más información sobre estas obras en Iglesias, A.,(1995), “Joaquín Rodrigo, su obra para piano”. Madrid, Alpuerto, p. 55-114 .
5 El primero en usar este término fue el crítico Eugenio D’Ors.
6 Lazare Levy dijo de esta obra: “o se toca con facilidad o resulta imposible”. En Iglesias, A.,(1995), “Joaquín Rodrigo, su obra para piano”. Madrid, Alpuerto, p. 92 .
7 Más información sobre estas obras en Iglesias, A.,(1995). “Joaquín Rodrigo, su obra para piano”. Madrid, Alpuerto, p. 115-132 .

 

 

 

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